CAPITULO I
SUBLIME
… Era la chiquilla más preciosa y más buena onda con la que jamás había tenido oportunidad de charlar, era muy bella, mezcla de ingenuidad y sensualidad que solo me hacían desearla cada vez más, incluso cuando estaba distraída se veía sexy sin proponérselo y cuando quería hacer una cara fea o de asco lo único que lograba era un mohín totalmente encantador. De un modo u otro empezaban a llegar cada vez más galancetes atraídos como moscas a la miel. Supe de algunos cuantos valientes que ya habían sido rechazados con la frase aquella de “-Es que no me dejan tener novio” tras lo cual se retiraban cabizbajos y meditabundos mientras una sonrisa se dibujaba en mi rostro al darme cuenta de ello.
Pero yo, bueno, que les puedo decir, era demasiado tímido como para dirigirle la palabra y menos aún para “aventármele”, después de todo, ¿Por qué iba Yo a tener éxito donde otros habían sucumbido antes? Además lo mío, lo mío, era admirarla en silencio y desde lejos.
Pero algo curioso comenzó a ocurrir, Ella empezó a lanzarme ciertas “señales”, primero, de algún modo poco común, me empezó a consultar sobre palabras simples aprovechando mi amplio conocimiento en Ortografía, reglas gramaticales y derivados, porque han de saber que yo era alguien muy aplicado (no era lo que se dice un “cerebrito” o un “matado”, pero sacar buenas calificaciones era cosa fácil para mí y no pocos compañeros(as) solicitaban mi ayuda). De vez en cuando, valiéndose de algún nuevo pretexto, se acercaba a mí y trataba de sacarme plática, yo, todavía sin saber exactamente lo que estaba pasando, trataba de usar todo mi Charming (NO, no me refiero al papel de baño sino al Encanto Personal) y mantenía la plática en tono ligero mientras ponía en práctica diversas técnicas subliminales de seducción, como sonreír todo el tiempo, sostenerle la mirada, uso de Palabras-Trance (consiste en escuchar atentamente las palabras que más usa y hacerlas parte de tu vocabulario), el Rapport (técnica de espejeo en donde imitas los movimientos de la otra persona para generar un conexión a nivel inconsciente) y también la Bajada del Pedestal (que estriba en tratar como un igual a la morra en cuestión, sin saber que para mí ya era una diosa y había pasado a redefinir la palabra SUBLIME). Técnicas todas que con el paso del tiempo han demostrado valer pa’ pura chingada, pero que en esos días eran la onda y venían en todos los manuales de galanteo que regalaban al comprar una caja de Zucaritas en el Conasupo.
CAPITULO II
EL SUEÑO
Aún así, sentía que las señales eran muy ambiguas, y aunque hubiesen sido más que claras ¿Qué podía aspirar alguien que todavía dependía de sus padres económicamente? Digo, no podía simplemente llegar y decirles – Papá, Mamá, ya tengo novia ¿Podrían prestarme dinero y de ser posible también el auto para invitarle un café? Ja, ya me los imaginaba moviendo la cabeza de un lado a otro mientras soltaban una retahíla de pretextos tratando de decepcionarme de todo el asunto, haciéndome sentir frustrado y culpable después de haber logrado lo más difícil, aceptación. No, la cosa no era por ahí, ellos no tenían que saber nada, nadie tenía porque enterarse de lo que yo sentía, no tenían porque saber que ella era mi primer pensamiento por la mañana y el último al acostarme y aún entre sueños se aparecía en forma constante riendo o haciendo alguna broma, aunqueYo, aún en mis sueños, donde por lo general soy poderoso e indestructible, capaz de derrotar un ejército de zombies con una mano, solo la seguía viendo de lejos como algo inalcanzable.
Algo pasó precisamente en uno de esos sueños, algo que cambió el rumbo de mi vida para siempre (sé que suena a cliché pero así es), ese SUEÑO fue algo especial porque fue una experiencia muy vívida, todavía lo recuerdo perfectamente. En él, estaba yo recargado en un pilar de la escuela cuando de pronto pasó junto con un grupo de amigas a unos cuantos metros delante de mí, esta acción me tomo distraído por lo que intenté hacerme el disimulado como si estuviera viendo algo interesantísimo a lontananza, Ella se acerca sonriendo y en plan coqueto voltea con sus amigas y les hace una seña de que sigan caminando, se aproxima lentamente mientras que por mi parte siento las típicas y hasta ese entonces desconocidas mariposas revoloteando dentro de mi estómago, una vez que estuvo junto a mí me mira directamente a los ojos y pregunta en tono travieso :
- ¿Por qué no te me has declarado?
Me quedé estupefacto sin saber si estaba bromeando o lo decía en serio, aún en sueños, aún cuando solo fuera una broma, aún cuando fuera un solo segundo, yo era el tipo más feliz del mundo en aquel instante. Me le quedé viendo sin saber que contestarle y ella repitió:
- Te hablo ¿Por qué no te me has declarado?
- ¿E… Es en serio? Le contesté.
- Claro, Yo te gusto, Tú me gustas, Nos gustamos ¿Qué tiene de malo?
Un juego de palabras muy típico de Ella.
- ¿Y porque no te me declaras Tú?
Una estupidez típica mía.
Sabía que era un sueño, ¡Estaba seguro que lo era y aún así tenía las manos sudorosas y un miedo espantoso de haberla cagado! Ella sonrío y me calmó diciendo:
- No muchachito, ya sabes que así no es como se hacen las cosas. Te veo al rato.
Se dio media vuelta y regresó con sus amigas, quienes estaban riendo y dirigiendo miradas furtivas hacía mí como preguntándole – ¿Que te dijo?, ¿Qué te dijo? Yo estaba en un trance, todo había ocurrido tan rápido, me refugié atrás del pilar y estuve así un rato.
CAPITULO III
LA DECISION
Es todo lo que recuerdo de eso, seguí soñando otras cosas pero lo demás fue irrelevante, cuando desperté el Sol entraba ya por la ventana dándome de lleno en la cara, era entre semana pero sentí que había un aire festivo flotando en el ambiente, me levanté de un salto con energía inusitada para alguien que sufría demasiado todos los días al levantarse, me vestí y salí a preguntar que había de desayunar. Tardé todavía un rato en darme cuenta que todos se me quedaban viendo raro porque estaba yo silbando y no había renegado porque otra vez había solo frijoles refritos para el almuerzo. Tardé todavía más en darme cuenta en que era solo otro día común y corriente, no había tal cosa como un ambiente festivo flotando en el ambiente ni nada por el estilo. Era Yo y nada más que Yo el que había amanecido de muy buen humor y estaba a la expectativa de que algo grandioso iba a pasar pronto, algo magnífico, algo mejor que destapar el regalo más deseado en una mañana de Navidad, ¿pero que estoy diciendo?, incluso mejor que saber que te vas a sacar la Lotería ese mismo día por la tarde. Así de chingón. Tuve que hacer un esfuerzo consciente para que mi familia no empezara a preguntarse ¿Y a este cabrón que le pasa? Y empezaran con preguntas incómodas o de plano a tirarme carrilla.
Una vez terminado el desayuno, me refugié en mi cuarto, puse algo de música, e hice mi tarea de buen talante, con adornitos, poniendo subtítulos con pluma de otro color y toda la cosa. Estaba feliz, ya quería ir a la escuela, unas horas más y la iba a ver otra vez.
Efectivamente, ahí estaba ella, sentada en su butaca escribiendo algo en su cuaderno, tal vez corrigiendo algún trabajo atrasado o simplemente dibujando algo, no sabía, yo simplemente la observaba y pensaba en mi sueño, cuando repentinamente se paró y vino hacia mí con su cuaderno en la mano, me sentí apenado, como si la maestra me hubiera descubierto hojeando una revista pornográfica en clase o copiando en un examen:
- Hola.
- Hola.
- Oye, ¿Sabes cómo se escribe la palabra “Smog”?
- Pues así como suena, lleva “g” al final.
- Ah, OK. Bueno, muchas gracias.
Antes de retirarse me miró a los ojos y me sonrió, algo vi en su mirada, un destello de complicidad, que no me dejaba lugar a dudas. ¿Cómo se escribe la palabra “Smog”?, Ja, eso lo sabe uno desde el Kinder. Eso era un pretexto, solo un pretexto para estar cerca de mí y recordarme lo que habíamos hablado anteriormente. Pero eso solo había sido un sueño, una artimaña que mi inconsciente había formulado para preguntarme porque era tan joto ¿O no? En ese mismo instante algo hizo “click” en mi cerebro y tomé la DECISION, me le iba a “aventar” chingue a su madre, -Hasta donde tope, me dije, total, ¿Qué era lo peor que podía pasar? ¿Qué me mandara por un tubo o me dijera que solo me quería como amigo? ¿Qué me dijera, como a los otros, que no la dejaban tener novio? No, no, pero estábamos en el mismo salón, si eso pasara ya no podría ni verla o tal vez ya no quisiera que fuéramos amigos. Pero por otro lado, no había nada que perder, solo íbamos a estar otro medio año juntos y tal vez ya no la volvería a ver nunca, era mejor ahorita, además todos esos pretextos que ponía para acercarse un poco a mí, ¿Cómo se escribe la palabra Smog?, Pffft. Además estaba motivado por lo del sueño.
Y así estuve varios días, convenciéndome a mí mismo e imaginándome escenarios de cómo y en donde se lo diría, trataría de no sonar muy melodramático, pero tampoco como si no me importara, repasaba una y otra vez en mi mente los diálogos y hasta la expresión que ella pondría antes de decirme que “lo pensaría”, un momento o tal vez unos días después, y una vez convencida de lo buena gente, inteligente, atento y caballeroso que soy, me diría que SI quería ser mi novia, –abrazo y envidias– no importándome hacer lo que fuera necesario para conseguir un empleo de medio tiempo o ayudar más a mi Papá para poder alguna vez llevarla al cine o a cenar, aunque fuera una hamburguesa en algún local y poder tener su mirada y su sonrisa solo para mí.
CAPITULO IV
DECLARATELE
Estuve unos días con mis pensamientos completamente ocupados en la elaboración de mi más ambicioso plan hasta la fecha, sumergido en cavilaciones sobre todo lo que ello implicaba en caso de que la propuesta fuera aceptada o rechazada. En caso de que quisiera ser mi novia, de que íbamos a platicar, a donde la iba a invitar, tal vez iríamos juntos a misa como las otras parejas, quizá luego me presentaría a sus padres, y yo sería el ser más feliz sobre el Planeta, me levantaría todos los días de un salto y con muy buen humor, ayudaría con el quehacer de la casa, haría mis trabajos y sería puntual con mi tarea, todo esto lo haría pensando en que esa noche iría a visitarla y tal vez, en algún día no muy lejano Ella me dejaría tomarla de la mano. ¿Un beso? Ja, ni pensarlo, eso sería lo más cercano y real que alguien ha estado de comprobar que de verdad existe el Paraíso y Yo tal vez no merecía tanto, con solo estar cerca suyo me conformaba. Aunque por otro lado tendría que soportar preguntas de mis amigos y mi familia, ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿A qué horas? ¿Por qué?
- ¿Por qué? Pues porque la AMO pendejos, dejen de estar chingando.
Me hubiera gustado tener el valor de decirles eso.
Decidí llevar a cabo mi plan antes de que ocurriera algo que hiciera decaer mi ánimo y mi recién surgida fe en que todo iba a salir bien, la promesa de un futuro mejor me hacía ser bastante optimista al respecto.
La ocasión se presentó pronto, demasiado pronto diría Yo, estábamos en el recreo y en esos momentos estaba apartado de mis compañeros, recargado en un pilar de ladrillos rojos exactamente como en mi sueño pero en otra parte de la escuela, cuando ella se percató de que yo estaba solo y como no queriendo se acercó, cuando estuvimos juntos me preguntó con una voz algo dudosa
– Oye, y cuando salgamos de la escuela ¿vas a seguir estudiando en alguna otra parte o que más vas a hacer?
Wow!, me dije a mi mismo, ¡Se interesa en donde vas a estudiar el siguiente año! Vino hasta acá y te preguntó. En cuanto sea el momento oportuno aviéntate cabrón, toda tuya. DECLARATELE wey…
- Pues mira, tengo planeado estudiar en la escuela fulana que está así y asado, me parece que es buena escuela ¿Tú dónde piensas estudiar?
- Pues todavía no me decido. Contestó.
Se hizo un momento de silencio, ella expectante y Yo… era el momento idóneo, pero no sabía cómo empezar, quería decir algo mas para ganar un poco de tiempo, para relajar el momento y romper un poquito el hielo ya que lo habíamos dicho anteriormente era algo muy impersonal. Tenía que en entrar en materia pronto, dirigir la conversación de forma hábil hasta donde quería y una vez ahí, hacerle saber mis intenciones de una manera amistosa, sin abrir el corazón y soltarle de sopetón que ella era el centro de mi universo, de todos modos no lo hubiera creído.
El tiempo avanzaba, el silencio se tornaba incómodo, yo solo sonreía, con una sonrisa estúpida como si algún maestro me hubiera preguntado una cosa sencillísima que acabamos de ver y yo no supiera contestarle por estar distraído. No lograba encontrar la primera palabra, sentía que si decía algo iba a sonar como muy falso, muy dramático, muy tele novelesco. Ella tampoco decía nada y eso me ponía más nervioso. En un esfuerzo, murmuré su nombre, en un afán de darle a entender que iba a decirle algo serio, no pude reconocer mi voz, cuando en eso sonó la campana, el recreo había terminado.
Ella volteó conmigo y de súbito dijo: – Chin! La tarea de Matemáticas, ahorita te veo. Y se fue corriendo a pedirle su cuaderno a una compañera que estaba copiándole la tarea.
Yo me quedé ahí vacilante, con una cierta sensación de alivio por unos segundos, como si un Bully grandulón hubiera querido golpearme delante de todos y se hubiera arrepentido de último minuto. Pero después de unos momentos y ya con más calma empecé a sentir pánico, todos mis planes se iban a venir abajo, había dejado pasar el momento perfecto. Traté de calmarme diciéndome que tarde o temprano iban a venir más oportunidades. Tenía una sensación de malestar, algo no andaba bien y entonces de repente “me cayó el veinte”, aún cuando hubiera más oportunidades, aún cuando estaba casi seguro que yo le gustaba, simple y sencillamente NO iba a poder decirle nada.
Y así, con esos pensamientos me quedé devastado, sin saber qué hacer, a la hora de la verdad las palabras no me iban a salir.
- Tan sencillo que es esto, ¿Por qué me tengo que trabar cuando estoy junto a ella? Chingada madre, por lo general cuando habló con ella, bromeamos o contamos un chiste y no pasa nada. Pero bueno, quiero realizar una declaración de noviazgo, esto es algo diferente, más serio vamos, ¿a que le tienes miedo? ¿A qué te rechacen? Bah, no serás el primero ni el último. Además no creo que eso llegue a ocurrir.
Y así, una vez más, con esos pensamientos auto sugestivos en mente para tratar de no estar derrotado antes de tiempo, me dirigí a mi casa a maquinar un nuevo plan.
CAPITULO V
TIMIDEZ
Por fin, uno de esos días luminosos donde todo era posible, donde cualquier cosa por pequeña que hagas te sale bien, me animé; no había vuelta atrás, ese mismo día por la noche Ella iba a ser mi novia.
Y así, otra vez con el sentimiento de que algo grandioso iba a pasar, como aquella mañana de mi sueño, me fui a desayunar y dejar que transcurriera la mañana para en la tarde dirigirme a su casa y encontrar algún modo de hablar con ella, pensaba hablarle por teléfono, pero la verdad es que no tenía su número y me daba pena conseguirlo con mis compañeros, por aquello de las preguntas incómodas. No, mejor le iba a caer por su casa de sorpresa, de hecho iba a parecer como si fuera una casualidad que iba yo pasando por ahí, íbamos a hablar, tal vez le preguntaría unas cosas de la escuela, después conduciría la conversación hacia derroteros mas personales, y ya mas noche y una vez con más confianza por ambas partes le preguntaría si quería ser mi novia, ella diría que sí y ya después algo se me ocurriría para mas adelante.
Ya por la tarde me bañe, planché mi ropa, me “puse guapo” y salí resplandeciente de mi casa, rumbo a la misión que me había auto encomendado. Pero al salir de mi casa y ver que la tarde ya estaba un poco avanzada y el día había perdido luminosidad y aire festivo, una vez más me empezaron a asaltar las dudas. De todos modos me dirigí rumbo a su casa en mi bicicleta esperando recobrar la confianza que tenía por la mañana, pero conforme me acercaba y notaba lo ridículo que era llegar en bicicleta y que todavía no tenía ningún pretexto elaborado para sacarle cotorreo, mi zozobra iba en aumento, pero pues ni modo de rajarme, era ahora o nunca, de hecho estaba ya pensando en la sensación de alivio que tendría al ver que ella no estaba, pero pues esa no era la idea.
- Chale, pinche TIMIDEZ de mierda, ¿Qué tan difícil puede ser esto?
Por fin llegué a su domicilio, en la cochera habían puesto una farmacia y ella estaba ahí atendiendo, yo estaba en la esquina y la vi porque estaba parada en la puerta con la escoba en la mano, volteó y yo lo único que hice fue agazaparme tras una pared esperando que no me hubiera visto y ahí fue donde entendí que mi plan estaba arruinado, no iba a poder decir ni madres, me daba hasta vergüenza estar ahí y esperaba que no me fuera a ver algún compañero de la escuela y que me preguntara que estaba haciendo porque no sabría que responderle.
Mi mente trabajaba a mil por hora, ¿Qué podría hacer?, estaba al borde de la desesperación, ¿y si intentaba lo del amigo secreto? No esas cosas siempre terminan mal si pensaba que era alguien mas quien le enviaba notas y regalitos, esto era de esas cosas que se hacen de frente y ya, no había de otra. Y en esas estaba, cada vez más desesperado porque se hacía cada vez mas tarde cuando se me ocurrió algo que podría funcionar.
CAPITULO VI
ELIXIR
Me dirigí a una tienda de abarrotes que estaba a unas cuadras de ahí, ya había ido antes con algunos compas a comprar algo de vino suelto, no era vino tinto ni blanco y mucho menos Dom Perignon, sino Tequila, Tequila servido en una bolsita, comprábamos refrescos y nos hacíamos unos preparados que no estaban tan mal, yo en esas ocasiones no había tomado mucho, pero esos sorbos que le daba habían sido más que suficiente para ponerme “alegre”, me había vuelto más locuaz y bromista, incluso me había atrevido a preguntarle a unas morras si las podía acompañar a su casa, ellas dijeron que no y la verdad es que no me importó, estar bajo el influjo del alcohol en aquella ocasión me había envalentonado y eso era exactamente lo que pensaba hacer en esa ocasión.
Llegué a la tienda y pedí 20 pesos de tequila y mientras me lo servían me dirigí a al refrigerador a sacar un refresco, la dependienta se me quedó viendo medio raro pero la verdad es que no me importaba, yo traía algo de prisa y le dije que también me pusiera el refresco en una bolsa, así iba a ser más fácil de hacer la mezcla.
Una vez afuera con mis 2 bolsitas, procedí a revolverle uno al otro, tiré un poco de refresco y le eché el tequila, la verdad es que no sabía ni cuanto se le ponía, no sabía si era a partes iguales o que, las otras veces mis amigos eran quienes habían hecho el menjurje y yo ni me había fijado en el procedimiento. Por otra parte, me empezó a llegar el apuro porque ya empezaba a oscurecer y tal vez ella ya se metiera a su casa y yo ya no podría verla. Con desesperación le di un tragote al maravilloso ELIXIR que me iba a sacar del apuro y creo que lo dejé demasiado fuerte, sentí como el tequila me recorría la garganta dejando una estela caliente a su paso al mismo tiempo en que me salía fuego por las fosas nasales. Soporté estoico esa primera oleada de lava y no me importó, total así me haría efecto más rápido; le di otro trago, como si aquello fuera una medicina que sabe feo pero de la que tenía certeza que me iba a curar y casi me lo acabé todo, quedó un poco del preparado en la bolsa pero a esas alturas ya tenía el estómago irritado y empezaba a sentir que los efectos del humo etílico empezaban a subir a mi cabeza. Tiré los sobrantes en un bote cercano y recogí mi bicicleta, empecé a andar y decidí dar un pequeño rodeo a la cuadra para hacer un poco de tiempo mientras se me terminaba por subir un poco más, entré por un callejón angosto que había entre unas casas cuando de pronto sentí que me movían el tapete de fea forma, en el suelo había una alcantarilla pero los barrotes en forma de viga que por lo general están un poco sesgados, estaban totalmente verticales por lo que al pasar por ahí la llanta delantera se metió y me fui de hocico, no sé cómo estuvo, el caso es que caí con una rodilla y hasta el pantalón se me rompió y me alcancé a hacer una pequeña cortada en un brazo, de acuerdo al instinto de conservación social sea lo que eso sea, me levanté rápidamente para ver a mi alrededor y ubicar si alguien me había visto, afortunadamente nadie se había enterado de mi vergonzosa maniobra pero en esos momentos sentí que ya no tenía el pleno control de mis movimientos, oficialmente estaba borracho, una vez que me incorporé y mientras trataba de desatorar la rueda de entre los fierros mal colocados de la alcantarilla me empezó a hacer gracia el asunto y pensé que era producto de la buena suerte ya que eso lo podría tomar como pretexto para llegar a comprar unos curitas o algo de violeta a la farmacia y dar pie a la conversación esperada.
Ya ahora sí, con un plan definido y más real bajo la manga me fui caminando con la bicicleta por un lado a la farmacia de mi futura novia con la esperanza de que todavía estuviera atendiéndola. Llegué y efectivamente todavía se encontraba detrás del mostrador, estaba de espaldas acomodando unas cosas en los anaqueles, dejé la bicicleta en la banqueta y entré cojeando a la farmacia, la verdad es que cada vez me dolía más y creo que me había torcido la muñeca de fea forma también, ya para ese entonces no estaba en mis 5 sentidos por lo que el problema de la timidez se había resuelto, me sentía como en un sueño a punto de cumplir otro sueño.
CAPITULO VII
KUNG FU
- Hola. Le dije pero al parecer no me escucho. Intenté otra vez, mas fuerte:
- Hola
- Ah, Hola ¿Cómo estás? Dijo
- Pues más o menos, vengo a ver si me puedes ayudar.
- Claro, que es lo que se te ofre…
Fue cuando volteó y me vio.
- ¡Ándale! ¿Pues qué te pasó?
- Ouch, pues me caí, andaba en este mugrero de bicicleta y creo que pise una piedra o algo así.
El plan estaba funcionando a la perfección, aunque mi estómago seguía irritado, la rodilla y mi muñeca me dolían cada vez más y sentía que estaba perdiendo el control, como si no fuera yo el que estaba ahí ¿sabes?
- Oye pero… Ja ja ja. Se empezó a reír.
Aquello no me hizo mucha gracia, en condiciones normales su risa era música celestial para mis oídos, pero por alguna razón era lo menos que quería escuchar en aquellos momentos.
- ¿Qué es lo que te causa tanta risa o qué? Le pregunté.
- Ja ja ja, no, pues mira nomás como vienes.
Volteé a un espejo que estaba a un lado y fue cuando me vi, con el pantalón roto y la camisa llena de lodo, la mirada pérdida y me tambaleaba sin poder estar bien de pie. Ella siguió riéndose y me empecé a encabronar, ahí estaba yo, completamente borracho, con un gran dolor en la rodilla, y ¿Todo para qué? ¿Para qué se riera de mí? ¿Había hecho todo eso por ella y no era capaz de comprenderlo? El dolor en la rodilla se hacía cada vez más agudo, el estomago caliente y ella seguía riendo. No soporté más y le grité:
- ¡Ya cállate!
Ella dejo de reír porque supo que me había enojado y me volteó a ver con cara de pocos amigos.
- ¡Hey! ¡No me veas así! Volví a gritar.
Me miró estupefacta sin saber que decir, y fue cuando dije la frase, totalmente enojado, totalmente fuera de mí, mientras le apuntaba con el dedo índice a la cara:
- I KNOW KUNG FU… AND MY “TIGER STYLE” IS BETTER THAN YOUR “MONKEY STILE”!
No sé como sonaría semejante estupidez en un inglés imperfecto y gritado por un adolescente borracho, pero no pareció caerle muy bien. Nos quedamos estáticos por un momento mientras un silencio incómodo se hacía presente y repentinamente me cayó el veinte de la tontería imperdonable que había cometido.
Me encontraba ahí, totalmente incróspido aún, señalando con el dedo en actitud retadora al amor de mi vida, la única persona en este mundo por la que estaría dispuesto darlo todo, balanceándome para no perder el equilibrio, mientras aún retumbaban en mi cabeza el eco de mis gritos, me volví a ver en el espejo y me di cuenta de lo ridículo que parecía; la miré y percibí una mirada de decepción, de decepción profunda que me hizo darme cuenta que desde ese momento nuestra relación de amistad ya no iba a ser nunca lo mismo; agaché la mirada, no por vergüenza, sino porque la situación me parecía bastante graciosa, algo irreal. Empecé a reír para mis adentros pensando en que por primera vez en mi vida había tocado el fondo del patetismo de una manera tan ridículamente fácil, y en tiempo récord, que era simple y sencillamente increíble.
Unos segundos más tarde que en, lo personal me parecieron eternos, salió su papá para averiguar a qué se debían aquellos gritos:
- ¿Qué pasó hija?
- Nada Papá, un amigo que ya se iba.
- Está bien, ya metete ¿Se le ofrece alguna otra cosa joven?. Dijo con tono enojado.
- N…no señor. G…racias. Respondí con voz aguardentosa.
Salí de ahí sin voltear atrás mientras un silencio sepulcral echaba un velo piadoso sobre la escena.
Al día siguiente, y una vez pasado el efecto del alcohol, ya con plena consciencia pude darme cuenta cabal de lo que había hecho y de todo lo que ello implicaba; había arruinado mi mejor oportunidad de la manera más estúpida y miserable que pudiera existir, nunca podría volver a verla a los ojos nuevamente, por lo que decidí no acudir más a la escuela desde ese día. A partir de ahí caí en una depresión profunda de la cual me fue imposible salir, ni con visitas de familiares o amigos, ni verborrea religiosa o tratamientos psiquiátricos, ellos simplemente eran incapaces de comprender todo el dolor y la vergüenza que sufría, por lo que me fui de la casa. Estuve vagando un tiempo, haciendo trabajitos aquí y allá para poder sobrevivir, tratando de alejarme de todo lo que me recordara ese momento y, por supuesto, quitarme a Ella del pensamiento, cosa que no lograba y era cada vez más doloroso e insoportable para mí.
10 años han pasado desde entonces, desafortunadamente descubrí que lo único, que si bien no podía aliviar mi dolor y hacer que la olvidara, por lo menos me hacía verlo desde otra perspectiva era el alcohol. El alcohol minimizaba el dolor, e incluso podía recordar todo el evento como si fuera una película graciosa o le hubiera pasado eso a alguien más. El problema era que cuando se me terminaba el efecto, aparte de la espantosa cruda me volvían los dolorosos recuerdos por lo que llegó un momento en que ya no dejé que me llegara la resaca para poder continuar por siempre en ese mundo benévolo, en ese ensueño donde todo se iba a arreglar y volvería a ser como antes. Ella me iba a buscar, me comprendería y tal vez, tiempo después, yo quizá tendría de nuevo otra oportunidad.
EPILOGO
Unos niños entran a esconderse en la casa abandonada donde me he estado quedando a pernoctar en estos días; me ven inconsciente en el piso y llaman a una patrulla que va pasando. Ya me habían advertido que el alcohol y dejar de comer eran mala combinación, no sé cuantas veces me lo repitieron, pero ¿Qué iba a hacer a esas alturas?
Y por fin, después de 10 años continuos en mis pensamientos la veo, va en una camioneta blanca del año, ¿Por qué en mis sueños una camioneta de lujo de color blanco siempre representa una parte importante de la felicidad? Se ve radiante, como un ángel, hace un tiempo me enteré que se casó, creo que el matrimonio le sentó bien porque luce incluso mejor que como la recordaba. Me dio mucho gusto. Voltea y me ve por un instante, dudo mucho que me reconozca, incluso viéndome de cerca no podría. Lo hace solo por ver de qué se trata el mitote, ya que en este preciso momento me están subiendo a una ambulancia. Me toman el pulso y me acomodan en una camilla, mientras un fuego intenso está corroyéndome las entrañas, pero no me importa porque es en este momento cuando Ella pasa sentada en el lado del copiloto y me mira, yo puedo verla por un leve instante y logro por unos segundos visualizarme manejando la camioneta y siendo feliz al lado de ella, es cuando caigo en la cuenta de que estar en esta vida y haberla conocido ha hecho que todo, absolutamente todo haya valido la pena.
Sonrío mientras siento como mi cuerpo se adormece y el dolor se esfuma poco a poco. Algunas personas cuentan que cuando vas a morir pasa toda tu vida por tu mente, como si de una película se tratase, curioso, yo solo puedo recordar a partir de el momento en que la conocí; y por fin, como en una explosión, veo la tan cacareada luz al final del túnel. ¡Demonios! Y yo que juraba que no era verdad; algunos otros cuentan que no hay que seguirla a pesar de la calidez y el confort que puedas percibir, pero lo siento, esa es mi única manera de seguir manejando esa camioneta blanca por el resto de la eternidad.
FIN
-
>> The Tiger Style’s OST <<
-
Dirigida por J.LUIZ
Escrita por x_homie y J. LUIZ
Producida por LUIS vs LUIZ
Música por CAFE TACVBA & THE WU-TANG CLAN
Productores Ejecutivos STEVEN REUTHER
GEORGE CLOONEY
MIKE OCKRENT
Director de Fotografía UELI STEIGER
Diseño de Producción MAYNE BERKE
Editada por TRUDY SHIP
Coproductor MICHAEL FOTTRELL
Supervisor musical BUDD CARR
Diseño de Vestuario AGGIE GUERARD RODGERS
Casting por SHARON BIALY, C.S.A.
Director de unidad de producción PAUL MOEN
Primer ayudante de dirección JEFFREY WETZEL
Segundo ayudante de dirección DAVID KELLEY
Segundo ayudante de dirección ERIC FOX HAYS
Director artístico supervisor CATY MAXEY
Director artístico RICHARD SCHREIBER
Ayudante de director artístico DAVID CRVELIN
Decorador CASEY HALLENBECK
Diseñadores de decorado BETTY S. KRUL
HARRY OTTO
Jefe de equipo MARK WOODS
Operador de cámara THOMAS YATSKO
Operador de cámara/Steadicam DAN KNEECE
Foto fija CLAUDETTE BARIUS
Supervisor del guión HOMIE
Sistema de vídeo DAVE KATZ
Encargado de cable ROCKY QUIROZ
Jefe de iluminación JIM GRACE
Jefe de montaje de luces BRIAN R. LUKAS
Supervisor de vestuario BRUCE ERICKSEN
Maquillaje GREG NELSON
Director de exteriores CURTIS COLLINS
Ayudante de exteriores PAUL SCHREIBER
MICHAEL BREWER
JANE E. GRAVES
Coordinador de efectos especiales PAUL LOMBARDI
Directores de efectos especiales SCOTT BLACKWELL
FRANK L. TORO
Técnicos de efectos especiales STEPHEN MOORE
JOHN FAGAN
JEREMY HAYS
KEITH SUZUKI
Asesor ANDREW REVKIN
Coordinador de producción CATHERINE S. McCOMB
Ayudante de producción MARCI ROSENBERG
Secretaria de producción MICHELE KENNEDY
Contable de producción RAVI D. MEHTA
Contable de producción adjunto KELLEY BAKER
Ayudantes de producción JOSHUA OWEN
MARK DOBKOUSKY
Meritoria del DGA JUANA FRANKLIN
Ayudantes de producción LISA MANTOUX
HARLEM LOGAN
TYLER JAY
HILA LEAH AMIR
MATTHEW KATZ
CHARLES SALDAÑA IV
Coordinador de departamento artístico JOE WALSER
Grupo de animación SCOTT BAILEY
TONY BELMONTE
DON CINDERELLA
JACK FORWALTER
GARY S. ISBELL
Publicista de unidad SANDY O’NEILL
Adjunto a Casting JOCELINE ARNOLD
Catering CHEF ROBERT CATERING
Coordinador de construcción JOHN SAMSON
Jefe de jardinería MICHAEL J. “KAT” McCOMBE
Coordinador de transporte MIKE ANTUNEZ
Jefe de transporte BRUCE HAUER
Piloto de helicóptero CRAIG HOSKING
Primer ayudante de dirección DENNIS MAGUIRE
Segundo ayudante de dirección JAYSON MERRILL
Supervisor del guión LYN NORTON
Director de fotografía SANDI SISSEL
Primer ayudante de cámara HEATHER PAGE
Mezclador de sonido ROGER PIETSCHMANN
Jefe de iluminación PAUL HAUSER
Jefe de maquinistas DANIEL PERSHING
Supervisor de efectos visuales MAT BECK, ASC
Efectos visuales por LIGHT MATTERS/PIXEL ENVY
Productor de efectos visuales CINDY JONES
Supervisor de 2D/Administración de sistema GREG STRAUSE
Supervisor de 3D COLIN STRAUSE
Operador jefe ERIK LILES
Supervisor de montaje de doblaje automático CHRISTOPHER T. WELCH
Montaje de doblaje automático VAL KUKLOWSKY
Mezclador de doblaje automático TROY PORTER
Mezclador de efectos de sala DAVID JOBE
Encargados de efectos de sala DAVID LEE FEIN
CATHRINE ROSE
Mezcladores de posproducción GREGORY H. WATKINS
KEVIN E. CARPENTER
ROBERT SCHAPER
Todos los Derechos Reservados. Luis VS Luiz Productions™. 2009.
Prohibida la reproducción parcial o total de la presente obra sin permiso por escrito del autor.